todavía recuerdo con absoluta claridad.
Se sentó en el suelo, se quitó el tenis derecho y levantó la plantilla.
De ahí sacó una pequeña jeringa oral de plástico.
—La escondí aquí.
La miré sin hablar.
—Mi papá revisa nuestros bolsillos cuando salimos. Pensé que debajo del pie no iba a buscar.
Una niña de 7 años había aprendido a esconder pruebas de su propio padre.
Pedí una ambulancia inmediatamente.
Mientras esperábamos, coloqué la jeringa en una bolsa de evidencia y le pedí a Camila que me contara únicamente lo que