en los espacios comunes de la residencia.
Al principio, todo parecía normal.
Rosa levantó los platos del desayuno. Daniela terminó su leche. Martina coloreó un dibujo. Los jardineros salieron y el chofer cerró el portón.
Entonces Patricia apareció en la sala.
Su rostro cambió apenas creyó que Emiliano estaba lejos.
La sonrisa elegante desapareció.
—¿Qué les dije sobre sentarse aquí? —espetó.
Las niñas brincaron del susto.
Daniela cerró su libro de inmediato. Martina bajó la mirada y apretó su conejo.
No reaccionaron como niñas sorprendidas por un regaño.
Reaccionaron como
El millonario fingió viajar a Europa… y las cámaras revelaron quién aterrorizaba a sus hijas