Mi madre me abandonó en la canasta de una bicicleta cuando tenía tres meses; 18 años después apareció en mi graduación y reveló el secreto que mi padre había guardado toda la vida

la que me había sostenido dieciocho años antes.

Solo que esta vez yo también podía sostenerlo a él.

El público entero se puso de pie.

La última carta

Elena sobrevivió siete meses después de mi graduación.

Durante ese tiempo no intentó ocupar el lugar de mi padre. Tampoco me pidió que la llamara mamá.

Comenzamos lentamente.

Primero tomamos un café. Después le permití contarme acerca de Gabriel, el joven del que heredé mis ojos y mi manera de reír.

Algunas veces sentí rabia.

Otras veces sentí compasión.

Perdonarla no ocurrió