el agua por el techo… ellos sabían. Cuando cargué ese colchón por kilómetros porque no tenía para pagar una camioneta… ellos sabían.
Entonces miró a Lucía.
—¿Tú también?
Lucía comenzó a llorar.
—Sí.
Mariana cerró los ojos.
Aquella confesión dolió más que las anteriores.
—¿Por qué nunca dijiste nada?
—Porque fui cobarde.
No buscó excusas.
Eso hizo que Mariana volviera a mirarla.
—Mi padre controlaba todo. Mi hermano era el favorito. Yo sabía que si hablaba iba a perder a mi familia, mi trabajo, mi parte del rancho… y elegí