empleada.”
Mariana leyó aquella frase tres veces.
Después dejó el papel sobre la mesa.
—Así que sabían.
Nadie respondió.
—Mientras yo caminaba por el pueblo y la gente escondía sus bolsas cuando me veía entrar a una tienda… ellos sabían.
Su voz empezó a quebrarse.
—Mientras pedía trabajo y me decían que nadie confiaría una caja registradora a una ladrona… ellos sabían.
Alejandro quiso acercarse.
Mariana levantó la mano.
—Todavía no.
Necesitaba terminar.
—Cuando nació Sofía y yo no podía pagar una consulta médica… ellos sabían. Cuando se nos metía