Alberto tragó saliva.
—Voy a muchas reuniones. No puedo recordar cada detalle.
—Yo sí. Porque mientras usted fingía interés institucional, yo investigaba ochenta y nueve millones en contratos inflados, comisiones ilegales y lavado de dinero municipal.
El silencio cayó como una losa.
—Cada sonrisa suya quedó documentada. Cada llamada. Cada transferencia. Cada favor. Usted quería saber cuánto sabíamos. Ahora se lo digo: todo.
Alberto buscó su móvil.
No había señal.
Don Manuel lo observó.
—¿Busca a sus contactos? ¿Jueces amigos? ¿Empresarios? ¿Alguien que le deba favores? No pueden ayudarle.
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