El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

cifras no lloran. Las personas sí.

La puerta se abrió.

Entraron cuatro víctimas.

Tomás Medina, antiguo contable.

María Santos, madre de dos niños.

Luis Herrera, trabajador de obra.

Jaime Murillo, veterano con una medalla prendida en la chaqueta.

Sergio reconoció a Tomás de inmediato.

Tomás se puso frente a él.

—Usted puso una bolsa en mi coche. Me miró a los ojos mientras yo gritaba que no era mía. Pasé ocho meses encerrado. Perdí mi trabajo. Perdí la custodia de mi hija. Todo para que usted cumpliera una cuota.

Sergio