fotografías.
Ni en casas.
Ni siquiera en vestidos.
Vive en nosotros.
Shirley consiguió una copia casi perfecta del último vestido que mi madre hizo para mí.
Pero solamente consiguió copiar la tela.
Porque cada vez que vuelvo a pensar en aquella noche, no recuerdo que dos mujeres llevábamos el mismo vestido.
Recuerdo una sola cosa: