causando inflamación severa. Además, por su naturaleza, debemos notificar a las autoridades.
Javier reaccionó inmediatamente.
—¡No tienen derecho!
Mi madre levantó una mano temblorosa.
—Sí tienen.
Después señaló el monitor.
—Ese pedacito de metal sabe más de ti que mi propia hija.
Sentí un vacío en el pecho.
—Mamá, dime qué es.
Mi madre tragó saliva.
—Una cápsula.
—Eso ya lo sé.
—La tragué.
Pensé que había escuchado mal.
—¿Qué?
—La tragué para que él no pudiera encontrarla.
Javier dio un paso hacia la camilla.
—¡Cállate, vieja loca!
Me puse