extraño.
—¿Un tumor?
—No.
Amplió la imagen.
Entonces lo vi.
Era una pequeña figura alargada, perfectamente definida.
Metálica.
Una especie de cápsula.
—Eso no debería estar dentro de su madre —dijo el médico.
Sentí que las piernas me temblaban.
—¿Cómo llegó ahí?
Mi madre empezó a llorar.
Pero había algo todavía peor.
No parecía sorprendida.
—Mamá…
Ella me tomó la mano.
—Perdóname, hija.
Antes de que pudiera preguntarle nada, alguien golpeó violentamente la puerta.
Segundos después apareció Javier acompañado por una enfermera que intentaba detenerlo.
—¿Qué demonios está pasando?
Estaba