PARTE 1
—A tu hermana sí podemos pagarle la carrera; contigo sería tirar el dinero.
Mi papá lo dijo sin levantar la voz, sentado en la cabecera del comedor, con el recibo de inscripción doblado junto a su taza de café. Afuera llovía sobre las calles de Zapopan, pero dentro de la casa el silencio era más frío que cualquier tormenta. Yo tenía 18 años, una carta de admisión en la mano y el corazón hecho un nudo. Mi hermana gemela, Mariana, abrazaba a mi mamá porque acababa de ser