el estómago.
Hasta ese momento podía haber imaginado arrogancia, infidelidad, favoritismo, incluso una administración irresponsable.
Una firma falsa cambiaba todo.
Pero todavía necesitábamos demostrar quién la había creado.
Mandamos el archivo a un perito informático independiente. También solicitamos al proveedor de firma electrónica los registros asociados a los documentos verdaderos que el consejo había firmado durante ese periodo.
La comparación reveló algo simple.
Las firmas del PDF eran imágenes insertadas.
No certificados digitales.
Además, el documento se había generado en una computadora registrada dentro de la oficina de Mauricio Salgado.