la cabeza.
Después sonrió.
Una sonrisa pequeña, todavía insegura, pero real.
Teresa se quedó con ella mientras yo fui al despacho de Adriana.
Entregamos las grabaciones, el resultado médico y cada documento relacionado con Horizonte Azul. También presentamos las denuncias correspondientes ante las autoridades.
Yo quería enfrentar a Marta.
Quería exigirle que me mirara a los ojos y explicara cómo había podido utilizar a una niña de 6 años.
Pero Adriana me convenció de hacer algo mucho más útil.
Documentarlo todo.
Sin gritos.
Sin amenazas.
Sin darle tiempo para destruir