forma de amar.
Después comenzó a tratarme como si yo hubiera tenido suerte de casarme con él.
Cuando supimos que tendríamos una niña, Patricia dijo:
—Bueno, quizá el próximo sea varón y continúe el apellido.
Busqué los ojos de Rodrigo esperando que defendiera a su hija.
Él sonrió.
—Podemos intentarlo otra vez.
Debí entenderlo entonces.
Pero pensé que convertirse en padre cambiaría algo.
5 días después del nacimiento de Emilia ya tenía mi respuesta.
A las 8:30 de la mañana siguiente entré a las oficinas de Cárdenas Capital.
Javier