esposo.
Ella sonrió.
—Qué bonito detalle.
—Murió hace 3 años. Mañana es el aniversario.
La expresión de Lupita cambió inmediatamente.
—Lo siento muchísimo.
Sus ojos fueron hacia Lucía.
—¿Su papá?
Asentí.
Lupita acercó una mano a su pecho.
—Espéreme aquí.
Se fue por el pasillo de servicio y regresó poco después con un florero de cristal.
—No podemos dejar que esas flores pasen la noche envueltas en papel.
Algo dentro de mí se quebró un poco.
No por el florero.
Por la diferencia.
La mujer que limpiaba habitaciones había visto