Necesitamos que venga a identificar el cuerpo.
Miré hacia Sebastián.
Seguía dormido.
—Creo que tienen al hombre equivocado.
Hubo un silencio.
—Señora, encontramos la cartera de Sebastián Salgado, su identificación, su teléfono y su anillo de matrimonio.
Sentí frío en todo el cuerpo.
—Mi esposo está aquí.
La respiración del oficial cambió.
—Salga de la habitación sin despertarlo.
No alcancé a moverme.
Sebastián abrió los ojos.
—¿Quién murió?
Se me secó la boca.
Sonreí.
—Nadie. Una llamada fraudulenta.
Él me observó durante 2 segundos.
Después sonrió también.
Pero no volvió