recuperó el audio.
Escuché la voz de Teresa.
—Si despierta en un hospital y habla, todos terminaremos en prisión.
Después escuché a Claudia llorar.
—Yo acepté ayudar con los papeles. No acepté matar a una niña.
Y finalmente escuché a Julián.
Mi exmarido.
El hombre con quien alguna vez imaginé envejecer.
—La cremación está programada a las 4. Después ya no habrá nada que revisar.
Pedí verlo.
Mi abogado intentó convencerme de que no lo hiciera.
Entré de todos modos.
Julián estaba sentado frente a una mesa metálica.
Sin reloj.