le ponías las inyecciones.
Levantó la cabeza.
—Valeria…
—Me dijo que intentaba no llorar porque tú le prometiste que si era una niña buena despertaría en un lugar mejor.
Julián se quebró.
—Yo amo a mi hija.
Sentí algo frío dentro del pecho.
—No vuelvas a decir eso.
Me miró.
—Una persona que ama a su hija no la seda durante días. No la encierra. No le enseña a tener miedo de su madre. Y no espera tranquilamente mientras preparan un horno para borrar su cuerpo.
Bajó la mirada.
Entonces