quería hablar conmigo.
Sofía estaba dormida.
Sofía tenía terapia.
Sofía había desarrollado miedo a verme.
Cada vez que llegaba con una orden judicial, Julián aparecía en la puerta diciendo que la niña estaba demasiado alterada para salir.
Yo había pasado 3 años creyendo que mi hija estaba aprendiendo a odiarme.
Ahora la sostenía en mis brazos y ella se aferraba a mi cuello.
—Mamá, no me regreses con ellos.
Escuché pasos.
—¿Valeria?
Era Julián.
Me llevé a Sofía hacia una habitación contigua de preparación y cerré la puerta.
—¡Valeria!
Golpeó.