Saqué el celular.
—Emergencias. Mi hija de 6 años fue declarada muerta hace 2 días. Está viva. Está sedada y la encontré amarrada dentro de su ataúd.
Hubo un silencio al otro lado.
La operadora cambió inmediatamente el tono.
Di la dirección.
Julián comenzó a golpear con más fuerza.
—¡Abre la puerta!
Teresa apareció detrás de él.
—¡No puedes llevártela!
Entonces cometió el error que destruiría todo.
—¡Nadie debía abrir ese ataúd antes de la cremación!
La operadora escuchó cada palabra.
Abracé a Sofía.
—Ya vienen por nosotros.
Ella apoyó