En el funeral de mi hija de 6 años, escuché un susurro desde su ataúd blanco: —Mamá, no dejes que papá me vuelva a dormir. Levanté la tapa y la encontré viva, amarrada y con marcas de agujas en los brazos. Entonces mi suegra gritó: —¡Cierren ese ataúd! La cremación empieza en 20 minutos.

la cabeza sobre mi hombro.

—Papá dijo que si yo dormía mucho tiempo ya no tendría que devolverle el dinero al abuelo.

Sentí un escalofrío.

Mi padre había creado un fideicomiso de 74 millones de pesos para Sofía.

Julián administraba únicamente una parte destinada a sus gastos porque tenía la custodia.

Pero durante meses mi padre había sospechado movimientos extraños.

Por eso yo había iniciado un nuevo proceso para recuperar a mi hija.

Las sirenas comenzaron a escucharse afuera.

Pensé que finalmente comprendía por qué habían intentado matar a Sofía.