ella sonriendo mientras dormía.
Había respondido con un corazón.
Ahora estaba burlándose de mí por haberla enviado.
La mujer volvió a hablar.
Esta vez escuché una frase.
–¿Y cuándo vas a hacerlo?
Mauricio bajó la voz.
–Primero necesito que deje el trabajo definitivamente.
Sentí que mis dedos se entumecían.
–Si vuelve a la oficina, todo va a ser más complicado. Pero si se queda en casa con la niña, dependerá de mí para todo.
No respiré.
No parpadeé.
Nada.
Entonces llegó la frase que terminó de partirme.
–Claro que voy