a divorciarme de ella. Solo dame tiempo. Después nos casamos nosotros.
La mujer soltó una risita.
Y escuché un beso.
No una sospecha.
No un ruido confuso.
Un beso.
Claro.
Cercano.
Real.
Mi esposo estaba besando a otra mujer mientras yo sostenía el teléfono a pocos metros de la cuna de nuestra hija.
Colgué.
No llamé de nuevo.
No rompí nada.
No lloré.
Preparé el biberón.
Cargué a Renata cuando despertó.
Le di de comer.
La cambié.
Y durante todo ese tiempo una sola frase seguía repitiéndose dentro de mi