querido contarlo.
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La mañana siguiente, Javier llegó al almacén antes que de costumbre. Dejó su coche y entró con la carpeta donde estaban los registros de asistencia. La misma carpeta que, unas horas antes, había servido para justificar un despido.
Esta vez la abrió por una razón distinta.
Quería entender.
Los ocho retrasos estaban ahí.
También estaban las fechas.
Javier las leyó una por una.
No había preguntado qué había ocurrido en ninguna de ellas.
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Ese detalle fue el primero que le molestó de verdad.
Había contado ocho