Regresé para castigar a mi hija por haber desperdiciado 58,000 pesos. Pero en la escuela la encontré guardando medio bolillo para la cena. Cuando la orientadora abrió su expediente, señaló una frase y preguntó: —Señor Salgado, ¿por qué aquí dice que usted nunca le ha enviado dinero kara?

Sofía le robó 7,000 pesos para videojuegos.

Yo llamé a mi hija gritando.

—¿Sabes cuánto trabajo para mandar dinero?

Sofía intentó defenderse.

—Papá, yo no tomé nada.

—No quiero excusas.

Y colgué.

Ahora quería regresar en el tiempo y arrancarme el teléfono de las manos.

Entramos.

Sofía levantó la mirada.

El lápiz cayó de sus dedos.

No corrió a abrazarme.

Retrocedió.

—Papá…

—No vine a regañarte.

Ella miró al suelo.

—Perdón por lo de la computadora.

Me senté frente a ella.

—¿Dónde están los 58,000 pesos?

Sus manos