oficina después de casi 14 horas revisando rutas y embarques.
Sentí que me hervía la sangre.
Me llamo Mauricio Salgado.
Durante 5 años trabajé lejos de Guadalajara después de que mi esposa, Carolina, murió de cáncer.
Los tratamientos nos dejaron endeudados.
Cuando una empresa de logística me ofreció un puesto en Monterrey con un salario que podía sacarnos adelante, acepté.
Mi hija Sofía tenía 10 años.
Mi madre, Teresa, se ofreció a cuidarla.
Yo le depositaba dinero todos los meses.
Comida.
Uniformes.
Transporte.
Médicos.
Clases particulares.
Regalos.
Y una cantidad