dejó de llorar.
—¿Qué dijiste?
—Hoy no vas a convertirte en la víctima.
—¡Soy tu madre!
—Y ella es mi hija.
Saqué el último documento.
—Mi abogado ya presentó una denuncia por fraude, falsificación de documentos y negligencia.
Teresa retrocedió.
—¿Vas a denunciar a tu propia madre?
—Sí.
—¿Por dinero?
Negué con la cabeza.
—Por 5 años de hambre.
Subimos a recoger las cosas de Sofía.
Terminamos en menos de 15 minutos.
2 uniformes.
3 camisetas.
1 suéter.
Sus tenis viejos.
Cuadernos.
Fotografías de Carolina.
Eso era todo lo que