Regresé para castigar a mi hija por haber desperdiciado 58,000 pesos. Pero en la escuela la encontré guardando medio bolillo para la cena. Cuando la orientadora abrió su expediente, señaló una frase y preguntó: —Señor Salgado, ¿por qué aquí dice que usted nunca le ha enviado dinero kara?

dejó de llorar.

—¿Qué dijiste?

—Hoy no vas a convertirte en la víctima.

—¡Soy tu madre!

—Y ella es mi hija.

Saqué el último documento.

—Mi abogado ya presentó una denuncia por fraude, falsificación de documentos y negligencia.

Teresa retrocedió.

—¿Vas a denunciar a tu propia madre?

—Sí.

—¿Por dinero?

Negué con la cabeza.

—Por 5 años de hambre.

Subimos a recoger las cosas de Sofía.

Terminamos en menos de 15 minutos.

2 uniformes.

3 camisetas.

1 suéter.

Sus tenis viejos.

Cuadernos.

Fotografías de Carolina.

Eso era todo lo que