carreras
El colegio
Las tardes normales
Pero no le había quitado su sueño más grande: tener un perro, aunque fuera solo por un día.
Delante de nosotros había un hombre enorme.
Cabeza rapada, hombros anchos, brazos y cuello llenos de tatuajes oscuros, una cicatriz en la cara y una mirada dura.
Llevaba atado a un perro negro gigantesco, una mezcla de rottweiler y dóberman.
Todo el mundo en el parque los esquivaba.
Las madres separaron a sus hijos.
La gente cambiaba de camino.
Yo misma, lo reconozco, tuve miedo.
Estuve