tres caminaban por un parque.
En una esquina, Inés había escrito:
“Gracias por prestarnos a Mateo un ratito.”
Me quedé sin aire.
Pero no me hundí.
Abracé a aquella niña con cuidado.
Como se abrazan las cosas que vuelven a la vida.
Meses después, el hospital preparó un pequeño rincón en la sala común.
Nada lujoso
Una estantería baja
Unas mantas limpias
Libros infantiles
Dibujos en la pared.
Y una placa sencilla, sin adornos exagerados.
“El rincón de Mateo.”
Debajo, alguien agregó una frase que yo había dicho sin pensar