una tarde:
“Para los niños que necesitan un amigo, aunque sea solo por hoy”.
El día que lo inauguraron, no hubo discursos largos.
Gracias a Dios
Solo padres, niños, enfermeras y médicos de pie, muy juntos.
Javier no quiso hablar.
Decía que se le cerraba la garganta.
Así que hablé yo.
Miré a Bruno, tumbado junto a la estantería, con la chapa brillando en su collar.
Miré a Javier
Miré a las madres que todavía estaban en mitad de su batalla.
Y dije la verdad.
“Mi hijo no pudo quedarse.