el perro de Mateo?”
Bruno movió la cola.
Javier se secó una lágrima.
“Sí”, respondió. “Y también puede ser tu amigo un ratito.”
La niña sonrió
Su padre, detrás de ella, se cubrió la cara con las manos.
Yo miré por la ventana.
Fuera, el cielo estaba gris, como tantas tardes.
Pero entre las nubes había una franja de luz.
No grande
No de película
Solo una línea clara, suave, bastante para recordarme que el sol seguía allí.
Ahora voy al hospital cada jueves.
No siempre entre en las habitaciones.