El Niño Que Le Pidió Un Perro Al Hombre Más Temido Del Parque kara

A veces solo preparo cuentos.

A veces doblo mantas.

A veces llevo galletas caseras que no me salen muy bien, pero nadie se queja.

Javier sigue sentándose en su silla grande.

Bruno sigue caminando despacio por los pasillos.

Y Mateo sigue apareciendo en detalles que otros quizás no ven.

En una pegatina pegada al revés.

En un niño que se atreve a acariciar a Bruno.

En una madre que vuelve a dormir diez minutos porque sabe que no está sola.

En Javier, que ya no baja la mirada cuando alguien