se cruza con él en el parque.
El otro día, una señora mayor se acercó mientras Bruno descansaba bajo un árbol.
“Qué perro tan bueno”, dijo.
Javier
“Sí. Me salvó la vida.”
Yo escuché desde el banco.
Y pensé que no era toda la verdad.
Porque Bruno salvó a Javier.
Javier salvó a Bruno.
Mateo los salvó a los dos.
Y ahora, entre los tres, siguen salvando pedacitos de otras familias.
Mi hijo no tuvo todos los años que yo soñé para él.
No tuvo cumpleaños de adolescente.
Ni una