mochila de instituto.
Ni tardes volviendo tarde a casa.
Pero tuvo algo que no cabe en un calendario.
Dejó amor en movimiento.
Y eso, lo estoy aprendiendo ahora, también es una forma de quedarse.
Cada vez que Bruno entra en una habitación y un niño sonríe, yo cierro los ojos un segundo.
Y lo veo
Mi Mateo
Pequeño dentro de su sudadera grande.
Con la mano temblorosa sobre la cabeza de su perro.
Sonriendo como aquella primera vez.
Como si todavía me dijera:
“Mamá, no tengas miedo.”
Y ya no