entrado sin hacer ruido.
Javier se pasó una mano por la cara.
“No sé si puedo con esto”, murmuró.
“Yo tampoco”, le dije. “Pero creo que él sí”.
Miramos a Bruno
El perro movió la cola una sola vez.
Después apoyó la cabeza contra mi pecho.
Y por primera vez desde el funeral, no sentí que aquella chapa me arrancara algo.
Sentí que algo volvía a caminar.
No hacia atrás
Hacia delante
Con Mateo dentro
La noticia de Bruno empezó a correr por la planta.
No como un espectáculo.
No