como una historia triste que la gente cuenta para estremecerse un rato.
Sino como una pequeña esperanza de pasillo.
Los niños preguntaban cuándo venía.
Los padres se arreglaban un poco más los jueves, aunque solo fuera lavarse la cara y peinarse con los dedos.
Las enfermeras dejaron una silla preparada para Javier.
Una silla más grande, por fin.
Alguien pegó en la puerta de la sala común un dibujo hecho por Inés.
Era Bruno tumbado junto a una cama.
A su lado había un niño con una sudadera grande y