la casa que Lucía había decorado.
—¿Sigues ahí? —preguntó Alejandro.
La recién nacida suspiró.
Alejandro guardó silencio.
—¿Qué fue eso?
—Nada que te interese.
—No empieces con tus dramas. Te invité porque quiero cerrar nuestra historia sin rencores.
Lucía miró la pulsera de identificación de su hija. Decía “Bebé Lucía Herrera”. No llevaba el apellido Robles y, si dependía de ella, ningún integrante de aquella familia se acercaría sin que antes respondiera por lo que había hecho.
Lucía había descubierto su embarazo 4 días antes de que concluyera el divorcio.