Mi esposo me rapó mientras dormía el día de nuestro aniversario y dejó una nota burlándose de mí. No lloré. Antes de que despertara, bloqueé los 18 millones de pesos que esperaba recibir de mí. Horas después encontré los correos que explicaban por qué necesitaba tanto ese dinero. Esa noche, frente a casi 60 invitados, le entregué el micrófono.

18 millones de pesos.

Clasificados como capital familiar comprometido.

—Yo jamás autoricé esto.

—Lo sé.

—¿Falsificó mi firma?

—No necesitó hacerlo. Declaró que existía un acuerdo matrimonial para aportar esos recursos a un proyecto conjunto.

Me quedé mirando las hojas.

—Ese acuerdo no existe.

—Precisamente. El banco todavía no había liberado el crédito porque necesitaba comprobar que el dinero había salido del fideicomiso.

Entonces entendí la urgencia.

Javier necesitaba mi firma aquel día.

Sin ella, la compra se caía.

Lucía sacó otro documento.

2 meses antes, Javier había creado una