recuperarlo podía tomar años.
Sentí que se me cerraba el pecho.
Entonces recordé el espejo.
Mi cabeza.
La tarjeta.
Durante horas había pensado que lo peor que Javier me había hecho era raparme.
No.
Lo peor era la tranquilidad con la que había planeado mi futuro sin mí.
Para él, yo ya no era su esposa.
Era el acceso a 18 millones de pesos.
—Presenta el divorcio.
Lucía asintió.
—Hoy mismo.
Durante las semanas siguientes Javier pasó por todas las versiones posibles de sí mismo.
Primero llegó la furia.
—¡Una