no existe.
Se quedó callado.
Después miró mi cabeza.
—Lo del cabello fue una estupidez. Había tomado.
—Desconectaste las cámaras.
Bajó la mirada.
Entonces hice la pregunta que todavía me faltaba.
—¿Quién estaba contigo esa noche?
Su cara respondió antes que su boca.
—Nadie.
—Javier.
Cerró los ojos.
Natalia había estado en el coche.
Horas antes, en un bar, se había burlado de él porque todavía necesitaba mi autorización para utilizar cantidades grandes.
Javier quiso demostrarle que él mandaba en nuestra casa.
Por eso volvió.
Desconectó las cámaras.
Entró al