porque me extrañaran.
Habían regresado porque necesitaban que yo reemplazara el dinero robado antes de que alguien revisara las cuentas.
2 días después, Valeria irrumpió en mi oficina.
—¿Dónde está la transferencia?
Ni siquiera saludó.
—Buenos días, Valeria.
Golpeó mi escritorio.
—No juegues conmigo. Si no depositas hoy, voy a decirles a todos que eres una resentida capaz de mandar a su propia hermana a la cárcel.
La observé durante unos segundos.
—¿Camila Ortega también estaba intentando mandarte a la cárcel cuando la dejaste dentro de su coche destrozado?
Se