negociaba un proyecto con Octavio.
Camila me observó.
—¿Qué piensa hacer?
Cerré la carpeta.
—Nada ilegal.
Me levanté.
—Solo voy a asegurarme de que esta vez el dinero no pueda comprar la verdad.
Parte 3
El sábado elegí un traje azul oscuro.
Por primera vez en muchos años pedí que el pantalón dejara completamente visible mi prótesis.
No quería esconderla.
La casa de los Santillán estaba llena de empresarios, abogados, políticos locales y familias acostumbradas a aparecer en revistas.
Apenas crucé el salón, vi a mi madre.
Su sonrisa desapareció.