—¡Esto es una venganza! Mariana siempre ha sentido celos de su hermana desde que perdió la pierna.
El salón quedó en silencio.
Durante toda mi infancia Teresa había utilizado mi discapacidad para presentarme como alguien defectuosa.
Esta vez no tuve que defenderme.
Desde la entrada se escuchó una voz.
—Yo también perdí la capacidad de caminar después de conocer a su hija.
Todos voltearon.
Camila entró en su silla de ruedas acompañada por una abogada.
Valeria retrocedió.
Octavio abrió los ojos.
—Camila…
—Sí, señor Santillán.
Camila avanzó hasta quedar frente