domingos sigo visitando a mi tía Alicia.
Cocinamos, tomamos café y hablamos de cosas pequeñas.
Durante mucho tiempo creí que perder a mis padres significaba haber perdido una familia.
Estaba equivocada.
En mi escritorio todavía tengo una fotografía que Alicia tomó cuando yo tenía 17 años.
Estoy sentada en su porche.
A mi lado descansan aquellas viejas muletas de madera.
En la parte de atrás, mi tía escribió una frase:
Esta muchacha todavía no sabe hasta dónde va a llegar.
Ahora la fotografía está junto a los reconocimientos de mi