empresa.
No para recordarme lo que conseguí.
Sino para recordarme quién decidió que yo no valía nada.
Mis padres creyeron que el día que perdí una pierna yo me convertí en una carga.
Tardaron 25 años en descubrir la verdad.
La persona que realmente habían perdido aquel día no era una hija rota.
Era la única hija que todavía habría sido capaz de quererlos.