lanzó al pecho.
—Estamos cansados de cargar contigo. Mete tus cosas y lárgate.
Pensé que era una amenaza.
Hasta que mi madre abrió la puerta.
Valeria, que tenía 14 años, siguió sentada pintándose las uñas.
Guardé 3 cambios de ropa en aquella bolsa.
Y salí apoyándome en 2 muletas de madera.
La única persona que me recibió fue mi tía Alicia, la hermana de mi madre.
2 años después descubrí algo todavía peor.
Quise solicitar un crédito para comprar mi primera prótesis decente.
El ejecutivo del banco frunció el ceño