esperaría demasiado de mí.
Esas palabras la atravesaron.
Dos personas vendidas por el mismo mundo, pensó Clara. Él, por ser distinto. Ella, por ser mujer.
Aquella noche, no hablaron más. Solo se sentaron juntos junto al fuego, hombro con hombro, sabiendo que por fin se estaban viendo de verdad.
El conflicto llegó con la primavera.
Tomás apareció en el rancho con dos hombres y una sonrisa sucia. Quería dinero. Decía que Clara, como hija de Julián Valdés, tenía derecho a reclamar una vieja parcela de la familia, y que él