Un granjero sordo se casa con una chica obesa por una apuesta; lo que ella le sacó del oído a su esposo dejó a todos atónitos.myyha/?

podía “arreglar” el asunto si ella volvía al pueblo a firmar unos papeles.

Clara comprendió enseguida la trampa. No venía por arrepentimiento. Venía por interés.

—No voy a volver —dijo, firme.

Tomás soltó una carcajada.

—No te estoy preguntando.

Elías dio un paso al frente.

—Sí, la estás preguntando. Y ella ya respondió.

Tomás lo miró con desprecio.

—Mira nada más. El sordo ya habla.

Elías no se movió.

—Y escucha lo suficiente para saber que debes largarte.

La tensión explotó cuando uno de los hombres intentó agarrar a Clara