suelo.
Le llevó un paño húmedo, lo ayudó a recostarse y permaneció junto a él hasta que el espasmo fue cediendo. Antes de dormirse, Elías escribió una sola frase.
“Gracias.”
A partir de entonces, Clara empezó a observar. Vio cómo, algunas mañanas, él se llevaba la mano al lado derecho de la cabeza con gesto involuntario. Vio manchas de sangre en la almohada. Vio la forma en que contenía el dolor, como si lo hubiera convertido en parte de su rutina. Una noche, le preguntó por escrito cuánto tiempo llevaba