preguntado por cada rumor.
Solo había impuesto una condición cuando se casaron: nadie sería castigado por haber formado parte de su pasado.
Especialmente Álvaro.
Adrián había respetado aquella condición durante 2 años.
Hasta ese día.
—Nos vamos —dijo Lucía.
Adrián asintió.
Antes de salir, pidió los gemelos que ella había estado mirando. Lucía lo detuvo.
—No.
—Pensaba que eran para mí.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Cómo lo sabes?
Por primera vez apareció una sombra de sonrisa en el rostro de Adrián.
—Llevas 20 minutos mirando el mismo escaparate. No hacía